En la llanura de Salisbury, Inglaterra, un conjunto de enormes y pesadas piedras verticales se alza en círculo.
Su construcción, que data de aproximadamente del 3100 a.C., es hoy en día un enigma debido a la dificultad que debió supone mover semejantes monolitos en aquel momento de la historia.
La motivación de su construcción es un misterio, aunque se presupone que se trataba de algo de suma importancia precisamente por el esfuerzo que debió suponer construirlo.
Las teorías que tratan de comprender la construcción hablan desde que se trataba de un lugar de veneración al sol -las piedras están colocadas de tal manera que coinciden con los solsticios- hasta de que se trataba de un lugar de sanación o de despedida de los muertos. También hay quien teoriza que, en diferentes momentos, ha podido cumplir todas esas funciones.
Al igual que ocurre con las pirámides, la construcción del Stonehenge es habitualmente asociada a teorías de conspiración o aliens, ya que a nuestros ojos se ven como construcciones imposibles de llever a cabo.
Que el Stonehenge esté ahí y seamos incapaces de entender cómo o por qué -hasta el punto de recurrir a explicaciones mágicas o más propias de ciencia ficción- dice más de nosotros como observadores, que de él.
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