La cuarta piedra.

Avatar de jaitzul

Si has leído Una historia sobre el vacío. Y el mar. Y la física. Y el amor. Y las piedras. -a la venta en Amazon- habrás podido comprobar que hay una enorme piedra que me vi incapaz de mover. Una piedra gigante que, por mucho esfuerzo y mucha fuerza que haya ido ganando con el tiempo, siento que nunca seré capaz de arrastrar lo suficiente.

He de confesar que, originalmente, cuando comencé a escribir el libro, esa piedra no me parecía tan grande. Estaba completamente convencido de que a lo largo del proceso de escritura del mismo la acabaría moviendo para formar parte, junto al resto, de mi particular dolmen. Pero a medida que se acercaba el momento de moverla, según el tiempo avanzaba, comencé a sentir como se hacía cada vez más y más grande ante mis ojos. Y es que, como si de una partícula relativista se tratara, al ponerla en movimiento se volvía cada vez más y más pesada.

No pasa nada, la moveré con ayuda de otros. Me dije entonces – iluso de mí, claro–.

Desde la publicación del libro han sido muchas las cosas que me han pasado –y muchas más todavía las que he sentido e imaginado en mi insaciable cerebro–. Cuatro meses, parece que no, pero dan para mucho cuando uno está vivo y dispuesto a vivir. Y aún así:

Nunca seré capaz de mover esa piedra. Me dice mi mente desde entonces.

Y tras tres meses luchando contra esa idea, tras tres meses mentalmente agotadores intentando buscar soluciones y respuestas en todas partes, tras tres meses rompiéndome por dentro por sentirme por primera vez en mucho tiempo incapaz de lograr algo significativo en esta vida, allí donde menos lo esperaba, como siempre, encontré la respuesta:

Esta piedra no debe ser movida. Esta piedra debe ser escalada.


Deja un comentario