(…)
Acababa de terminar el curso escolar, aquel en el que comencé a ejercer como profesor haciendo la sustitución de una de las personas más geniales que he conocido en mi vida, y decidí gastar el dinero ganado en mi viaje soñado: conocer Islandia.
Islandia no me defraudó lo más mínimo. Cada pocos kilómetros un nuevo paisaje increíble se mostraba ante mis ojos. Algunos de ellos pude fotografiarlos, pero la mayoría quedarán tan solo en mi recuerdo. Al igual que ya tan solo queda en el recuerdo la persona que yo era durante ese viaje.
Tan solo seis años me separan de esa persona. Pero qué seis años: una pandemia, un trabajo fijo, una compra de una casa. Y mil personas y recuerdos dejados atrás. Independencia por fin. Conquistar mi espacio. Conquistar mi obsesión. Al fin.
En aquel entonces vivía obsesionado por conquistar mi espacio, mi lugar en el mundo. Y supongo que, inevitablemente, eso me llevó a obsesionarme también por mi tiempo. Quizás por eso llegó la ansiedad. Quizás por eso esa conquista nunca me ha dejado del todo satisfecho. A pesar de haberlo conquistado todo. Todo lo que entonces soñaba.
Todas las metas que esa persona tenía son ahora mi día a día. Y, sin embargo, tan sólo siento un enorme desgaste en mi ser. No es para menos, claro. Han sido 6 años arrastrando tres enormes piedras para formar un increíble dolmen. Un increíble dolmen que aún sigue incompleto. Por tu culpa. Por culpa de la maldita cuarta piedra. Por culpa de tu mirada. Por mi incapacidad de ser realmente el mar. Seis increíbles años arrastrando la frustración de ser incapaz de enfrentarme a ti.
Supongo que, por eso, a pesar de que soy ahora más libre, más abierto, más capaz de interactuar con el mundo, lo que en el fondo necesitaba, y aún necesito, lo que en el fondo me frustra, es no haber conquistado aún tu primer beso. Cobarde.
Fragmento de «La cuarta piedra. Y el primer beso.» Disponible próximamente.

Deja un comentario